En Julio Ya No LLueve (parte 3 y 4)

jueves, 22 de julio de 2010


Foto: Isableh (http://www.flickr.com/photos/brighttwilight)
Texto: Días Inútiles


3
Después de la cebolla me pinche el dedo con una aguja y la sangre estaba espesa, roja intensa. Apenas si fluía sangre por la herida. Cayó un poco sobre la mesa y se hizo polvo. Mi cuerpo responde a cada estimulo físico. Me duele si pincho mi dedo o si golpeo furiosamente mi cuerpo contra la pared, pero no sucede más. Justo ahora no sé si me alegra sentir dolor o si me entristece haber terminado así.
Tendré que hacer algo drástico, enfrentarme a mi pasado. Volver a mirar las fotos. Hace años que no miro una fotografía. Cuando miraba alguna empezaba a llorar, a recordar detalladamente cada momento del pasado que quedaba atrapado en la imagen. Uno siempre cree que cualquier tiempo pasado es mejor que este presente. Qué injusto es mirarse sonreír en la fotografía. Las fotografías siempre mienten. “Esa sonrisa no es de mi cara y ese momento debió vivirlo un fantasma que traía puesto mi cuerpo”. Siempre me digo esto cuando miro una fotografía.
No hay vuelta atrás: hay que escarbar en el corazón para encontrar un poco de agua. ¿Dónde está el oasis de este desierto? Que un fantasma se ponga mi cara de muerto para llorarme un momento. No hay vuelta atrás. Abro el álbum de fotos y aparece ella.

4
Se llama Frida y tiene cuerpo de sirena. Me gustaba creer que lo tenía. Cada milímetro de su piel que mi lengua probó sabía a sal, a mar. Mi lengua la amaba. ¿La amaba? Se me confunden las emociones. ¿A qué sabe el amor? ¿Cómo se siente su piel? ¿Viceversa?
Ella conoce bien mis lágrimas. Varias veces le llore en los andenes. Mi alma le ponía luto y lágrimas en cada despedida. Y después le ponía tulipanes y lágrimas de nuevo en cada bienvenida.
Me enseño a escribir, a entender que uno es un idiota pero un idiota con algo que decir, me recitaba Sabines y lo reescribía con su voz. Los amorosos callan y yo aprendía de ella y su silencio. Bastaban unas cortinas falsas, una cama y sábanas limpias para que Frida me llevara de mar en mar, de puerto en puerto. No volábamos. Yo nadaba en su cuerpo y a veces en la noche naufragaba, pero sus manos me tocaban y marcaban el camino de regreso. Sus ojos me miraban como faros en la noche. Iluminaba mi noche, mi aguacero. Decía que tenía pestañas de aguacero y es cierto.
Una noche se recostó sobre mi pecho y al parecer algo le contó mi corazón en voz bajita que se puso a llorar. Algo le debió decir mi corazón que hizo que se fuera.
Hoy la miro en la foto y recuerdo que sabía a sal pero no recuerdo cómo se sentía su cuerpo en mi cuerpo. El mar entre sus piernas y mi miedo a perderla. ¿La amo? Se me confunden las emociones pero al parecer los sabores siguen intactos. Qué felicidad ¿o qué tristeza? Frida ahora es una página del álbum, un recuerdo, pero mi llanto sigue enfermo.
Doy vuelta a la página y ahora encuentro un cuerpo sin rostro. ¿Cómo se llamaba este cuerpo?

0 comentarios: