En Julio Ya No LLueve (parte 3 y 4)

jueves, 22 de julio de 2010


Foto: Isableh (http://www.flickr.com/photos/brighttwilight)
Texto: Días Inútiles


3
Después de la cebolla me pinche el dedo con una aguja y la sangre estaba espesa, roja intensa. Apenas si fluía sangre por la herida. Cayó un poco sobre la mesa y se hizo polvo. Mi cuerpo responde a cada estimulo físico. Me duele si pincho mi dedo o si golpeo furiosamente mi cuerpo contra la pared, pero no sucede más. Justo ahora no sé si me alegra sentir dolor o si me entristece haber terminado así.
Tendré que hacer algo drástico, enfrentarme a mi pasado. Volver a mirar las fotos. Hace años que no miro una fotografía. Cuando miraba alguna empezaba a llorar, a recordar detalladamente cada momento del pasado que quedaba atrapado en la imagen. Uno siempre cree que cualquier tiempo pasado es mejor que este presente. Qué injusto es mirarse sonreír en la fotografía. Las fotografías siempre mienten. “Esa sonrisa no es de mi cara y ese momento debió vivirlo un fantasma que traía puesto mi cuerpo”. Siempre me digo esto cuando miro una fotografía.
No hay vuelta atrás: hay que escarbar en el corazón para encontrar un poco de agua. ¿Dónde está el oasis de este desierto? Que un fantasma se ponga mi cara de muerto para llorarme un momento. No hay vuelta atrás. Abro el álbum de fotos y aparece ella.

4
Se llama Frida y tiene cuerpo de sirena. Me gustaba creer que lo tenía. Cada milímetro de su piel que mi lengua probó sabía a sal, a mar. Mi lengua la amaba. ¿La amaba? Se me confunden las emociones. ¿A qué sabe el amor? ¿Cómo se siente su piel? ¿Viceversa?
Ella conoce bien mis lágrimas. Varias veces le llore en los andenes. Mi alma le ponía luto y lágrimas en cada despedida. Y después le ponía tulipanes y lágrimas de nuevo en cada bienvenida.
Me enseño a escribir, a entender que uno es un idiota pero un idiota con algo que decir, me recitaba Sabines y lo reescribía con su voz. Los amorosos callan y yo aprendía de ella y su silencio. Bastaban unas cortinas falsas, una cama y sábanas limpias para que Frida me llevara de mar en mar, de puerto en puerto. No volábamos. Yo nadaba en su cuerpo y a veces en la noche naufragaba, pero sus manos me tocaban y marcaban el camino de regreso. Sus ojos me miraban como faros en la noche. Iluminaba mi noche, mi aguacero. Decía que tenía pestañas de aguacero y es cierto.
Una noche se recostó sobre mi pecho y al parecer algo le contó mi corazón en voz bajita que se puso a llorar. Algo le debió decir mi corazón que hizo que se fuera.
Hoy la miro en la foto y recuerdo que sabía a sal pero no recuerdo cómo se sentía su cuerpo en mi cuerpo. El mar entre sus piernas y mi miedo a perderla. ¿La amo? Se me confunden las emociones pero al parecer los sabores siguen intactos. Qué felicidad ¿o qué tristeza? Frida ahora es una página del álbum, un recuerdo, pero mi llanto sigue enfermo.
Doy vuelta a la página y ahora encuentro un cuerpo sin rostro. ¿Cómo se llamaba este cuerpo?

Luego le pongo nombre

sábado, 19 de diciembre de 2009

1
Mi corazón está seco. Por más que lo intento no puedo llorar. Parece que por fin sucedió. La sequía de mi alma llegó hasta el corazón. Mi nostalgia es apenas una nubecita negra que amenaza con llover. Me hacen falta mis lágrimas. Me da miedo este desierto que llevo aquí dentro. No hay ni una sombra de mi alma para cubrirme. Estoy seco. Se me olvidó la palabra: ¿se decía “amor”? Mis lágrimas ya no acuden a la función de tristezas: ¿Es el inicio de la muerte?
Yo tenía un rio en el corazón que iba y desembocaba en mis ojos. Bastaba que alguien sufriera para que mis lágrimas le acompañaran la tristeza. Había tardes en las que tenía tanto llanto acumulado que me metía en los salones funerarios y comenzaba a llorar con la viuda o los hijos desamparados. Me sentaba en la esquinas a llorarle a los perros muertos. Buscaba en los panteones lapidas viejas y olvidadas y les lloraba a sus muertos. Regaba con lágrimas sus huesos y de ellos brotaba la vida.
Pero estoy sin lágrimas, seco, y apenas si logra conmoverme mi cuerpo tirado en la cama pidiendo un momento para hablar a solas con mi alma. Tengo miedo de olvidar cómo se sentía llorar, cómo se sentía sentir. ¿Estoy muerto?

2
Pinche cebolla, kilo y medio de cebolla picada. Me arden los ojos pero en definitiva no estoy llorando. Ya van dos meses y no hay lágrimas. Ya lo sé, es idiota preocuparse por no llorar, pero me duele el corazón. Las lágrimas son ese lubricante que necesita el cuerpo. Mis huesos rechinan ¿o será mi cuerpo y su grito opaco?
Un kilo de cebolla no es suficiente para llorar. Sirve como excusa para mi tía que llora despacito por Emanuel y su muerte absurda, por no haberlo seguido cuando dijo que escaparan. Le llora a su soltería y a su cuerpo intacto. Yo le pregunto qué tiene y dice que es por la cebolla, pero la cebolla no me hace llorar.
Me rechinan los huesos y yo me tumbo en la cama y esta vez mi alma no me quiere escuchar.

3
Después de la cebolla me pinche el dedo con una aguja y la sangre estaba espesa, roja intensa. Apenas si fluía sangre por la herida. Cayó un poco sobre la mesa y se hizo polvo. Mi cuerpo responde a cada estimulo físico. Me duele si pincho mi dedo o si golpeo furiosamente mi cuerpo contra la pared, pero no sucede más. Justo ahora no sé si me alegra sentir dolor o si me entristece haber terminado así.
Tendré que hacer algo drástico, enfrentarme a mi pasado. Volver a mirar las fotos. Hace años que no miro una fotografía. Cuando miraba alguna empezaba a llorar, a recordar detalladamente cada momento del pasado que quedaba atrapado en la imagen. Uno siempre cree que cualquier tiempo pasado es mejor que este presente. Qué injusto es mirarse sonreír en la fotografía. Las fotografías siempre mienten. “Esa sonrisa no es de mi cara y ese momento debió vivirlo un fantasma que traía puesto mi cuerpo”. Siempre me digo esto cuando miro una fotografía.
No hay vuelta atrás: hay que escarbar en el corazón para encontrar un poco de agua. ¿Dónde está el oasis de este desierto? Que un fantasma se ponga mi cara de muerto para llorarme un momento. No hay vuelta atrás. Abro el álbum de fotos y aparece ella.

4
Se llama Frida y tiene cuerpo de sirena. Me gustaba creer que lo tenía. Cada milímetro de su piel que mi lengua probó sabía a sal, a mar. Mi lengua la amaba. ¿La amaba? Se me confunden las emociones. ¿A qué sabe el amor? ¿Cómo se siente su piel? ¿Viceversa?
Ella conoce bien mis lágrimas. Varias veces le llore en los andenes. Mi alma le ponía luto y lágrimas en cada despedida. Y después le ponía tulipanes y lágrimas de nuevo en cada bienvenida.
Me enseño a escribir, a entender que uno es un idiota pero un idiota con algo que decir, me recitaba Sabines y lo reescribía con su voz. Los amorosos callan y yo aprendía de ella y su silencio. Bastaban unas cortinas falsas, una cama y sábanas limpias para que Frida me llevara de mar en mar, de puerto en puerto. No volábamos. Yo nadaba en su cuerpo y a veces en la noche naufragaba, pero sus manos me tocaban y marcaban el camino de regreso. Sus ojos me miraban como faros en la noche. Iluminaba mi noche, mi aguacero. Decía que tenía pestañas de aguacero y es cierto.
Una noche se recostó sobre mi pecho y al parecer algo le contó mi corazón en voz bajita que se puso a llorar. Algo le debió decir mi corazón que hizo que se fuera.
Hoy la miro en la foto y recuerdo que sabía a sal pero no recuerdo cómo se sentía su cuerpo en mi cuerpo. El mar entre sus piernas y mi miedo a perderla. ¿La amo? Se me confunden las emociones pero al parecer los sabores siguen intactos. Qué felicidad ¿o qué tristeza? Frida ahora es una página del álbum, un recuerdo, pero mi llanto sigue enfermo.
Doy vuelta a la página y ahora encuentro un cuerpo sin rostro. ¿Cómo se llamaba este cuerpo?

5
¿Dolores? ¿Cómo se llama? Reconozco sus manos. Alguna vez hicieron grietas en mi espalda. Sé de memoria su cuerpo. Las palmas de distancia. Sabe a vainilla. ¿A qué sabe el color verde? Olvidé su nombre.
Mi puño cerrado hizo que empezara a sangrar la palma de mi mano. ¿La odio? Recuerdo que le lloré muchas madrugadas mientras ella en un cuerpo ajeno se reía del tiempo y de mí. Recuerdo que mi sangre no era tan roja como ahora y que varias veces caía sobre el lavabo del baño y en vez de polvo se convertía en ceniza.
Qué silencio incomodo. Me siento como si estuviera desnudo. Un aire me tumba, escalofrío. No hay que buscar más. Aquí no hay lágrimas. Aquí no se derraman más lagrimas. No a ella, no con ella. Tiro el álbum. Es inútil. Olvidé cómo llorar.
Miro al suelo y una foto se desprendió del álbum. Yo de niño. Tiemblo. ¿Estoy sintiendo de nuevo?


6
Un casco de astronauta y de paisaje el cielo infinito. Mi alma estaba en la luna y yo cada tarde emprendía el viaje a buscarla. ¿Cuántas estrellas caben en mis sueños? Mi madre me cuenta infinitamente un cuento. Yo le creo. Hay conejos en la luna y hay fantasmas en las sombras. Está Dios y su eterna nube divina de calma e indiferencia. Padre nuestro y el siempre en los cielos.
Un casco de astronauta y mi cuerpo creciendo por el universo. Polvo de estrella sobre mis ojos. Alguien plantó en mí la nostalgia pero no hay lágrimas para regarla.
El niño con casco de astronauta soy yo y su sonrisa dibuja nubes. Volver a mi lugar seguro, a mi caja de cartón, a mi amigo imaginario que hace años me dejó de hablar. Estoy sintiendo ¿estoy sintiendo? Aquí no hay lágrimas. Aquí hay una foto de astronauta, el cielo y mi infancia.
¿A qué horas se coló la tristeza por la ventana? ¿Quién dejó la puerta abierta para que el lobo se tragara la felicidad? Viene el lobo, se bebió mis lágrimas. Nadie me cree. El lobo, el lobo. Cierro las ventanas pero hay sombras que nacen, fantasmas que quieren cobrarme a mí.
La luna en mi cabeza. Yo soy el niño que bajó a pedradas las estrellas y ahora el cielo cobra la cuenta. Que caiga ya el aguacero de mis ojos. Llora, llora. Yo era ese niño-astronauta, niño-viajero. Llora, carajo, llora.
¿Quién putas se llevo la infancia? El lobo viene. ¡Alguien que me salve. El lobo-padre me traga! Quiero mis lágrimas. Quiero mi alma.
Yo soy el astronauta. Yo soy la sonrisa mal dibujada. Dame mis lágrimas que mi corazón se seca, que mi alma ya no tiene fuerzas para volver a la luna, que mi cielo está estrellado pero sin estrellas. Viene el lobo, mi padre. ¿Quién dejo que se metiera el lobo? Tengo miedo pero no hay lágrimas. Un casco de astronauta y mi vida sin lágrimas. Estoy sintiendo pero no puedo llorarle a mi alma. Yo soy el astronauta y el cielo infinito crece y me aplasta. Llora, por favor, llora. Un silencio y aquí no hay calma.


7
Mi cuerpo tiembla. Abrí la caja y ahora todos los recuerdos juegan en la habitación: olores, imágenes. Me desangro y el polvo de mi sangre marca el tiempo. No hay tics, ni tacs. Sólo polvo, desierto. Mi alma, ¿tenía un alma?
Yo me conmuevo. Por fin me conmuevo. Distingo la tristeza de la alegría pero estoy lejos de sentirme vivo. Agua, agua, lagrimas. Mi cuerpo ya no puede con el tiempo, con el polvo.
El que roba la sonrisa a un niño es un asesino, un hijo de puta y no vale la pena llorarle. Sólo dejar que el polvo lo lleve lejos de esta habitación. Tengo miedo de quedarme callado y que el tiempo me vuelva polvo. Gritaría pero mi garganta está seca. No vuelvo más a tocar su recuerdo. No hoy, no siempre.
-
8
Ayer estaba a punto de rendirme. Pensaba que tal vez lloré tanto que me quede sin lágrimas y no hay más qué hacerle. Aceptar que los ríos también mueren. Que la vida y las lágrimas se secan. Iba a dejar todo este asunto del llanto y de pronto la conocí. Y verla me humedeció los ojos y el corazón.
Se llama Fernanda y entre su pelo enmarañado y su voz ronca encontré a mi alma. Y mi alma está segura cuando ella está. Se calma, se adhiere a mi cuerpo y juntos la disfrutamos, la vivimos.
Soy libre de quererla porque ella ama a otra, piensa en otra. Ella no piensa en mí ni en ningún hombre y eso le basta a mi alma. Despertar a su lado y saber que jamás estará conmigo. Oírla, mirarla, aprender de ella y saber que sólo le basta que la quiero. Mi mujer perfecta debe amar a una mujer, nunca a mí, para seguir soñándola.
Quiero llorar. Eso es una buena señal. Pero sólo es un trueno de mi alma. El qué dirá y qué dirán aleja la tormenta y me quedo cayado. Habría que aceptar que me quedé seco de lágrimas pero encontré mi alma.

9
Se caen las nubes gota a gota, granizo a granizo. ¿Quién pegara el cielo roto? Llora el mundo. Lava las calles, los pies descalzos. La nostalgia del mundo se derrama por la ventana. Después de su tristeza la vida crece, se renueva. Después de mi tristeza ¿qué pasa? Llora el mundo. Se lava el alma. Todos están en casa mirando la ventana; llorando en silencio con el mundo que se acaba, que se desmorona nube a nube, sueño a sueño. ¿Quién pintará el amanecer mañana?
Si yo tuviera una lagrima, terco mundo, te la daba para regar la esperanza, para quitarnos el luto del alma. Flores frescas renacerán mañana. Pongo la canción número siete. Cierro los ojos. Estoy seco y afuera el agua se desborda. Miro la ventana. Quiero llorar como María Magdalena, como huérfano. Quiero llorar pero mi corazón está seco. Escupo al cielo de envidia porque a pesar de todo el aún puede llorar y mi saliva se vuelve nube. Quiero cerrar los ojos y que cuando los abra todo haya sido un mal sueño y me ponga a llorar.


10
Cuando uno nace la señal de que estamos vivos es el llanto ¿Cuando uno muere pasa igual? Los fantasmas no lloran, no se conmueven: chocan con cosas, tiran el florero, juegan a que viven, pero no lloran.
Soy un fantasma o pronto lo seré, cuando salte, cuando tire el gatillo, pero no llorare. El llanto siempre será ajeno.
Dichosos los que aún lloran de luna a luna, los que lloran en las centrales de autobuses con la mano levantada diciendo adiós, los que lloran de risa con la mano en el estómago, los que le lloran a sus muertos y de sus lágrimas brotan recuerdos, los que lloran de arrepentimiento y de la nada, los que nacen llorando y se van sonriendo, los que prueban sus lágrimas.
Yo soy un fantasma o pronto lo seré. Salto. Tiro el gatillo. Un silencio largo.
Soy una nube. Mi cuerpo llueve. Viva mi vida, lloro. Soy un rio. Me visto de muerto para acudir llorando a mi funeral.

Pan De Dios

miércoles, 13 de mayo de 2009



Pan De Dios.

Apenas toca mi tristeza la punta de mi alma y salen a chorros estas lágrimas falsas. ¿A cuantos velorios no habré sido invitado? Tantos ríos en mis ojos cansan, duelen, amargan. Tantas nubes en tu cielo ensombrecen, apagan. Quiero mi cuerpo, ya no esta piel amplia pero limitada, ya no este aguacero de pestañas. Si no mi cuerpo. El que entro desnudo a este mundo, con sangre y agua. Ya no estos brazos marcados, acribillados. Quiero encontrarme bajo la cama o en el camión, el metro. Es que mi muerte sigue dormida bajo las algas, entre la sal y la arena. Y yo soy este desierto que mata, que deshidrata. Bendita vida, torpe vida. ¿Dónde se quedo mi vida? y vuelve la marea de lagrimas, la torpe lluviecita de nostalgia. Pan de Dios, Dios. Vida. Conozco las palabras. Dame una esperanza, una oración que dure toda la madrugada. Dios, Muerte, la vida goteando mi rabia. Virgen, soledad. Padre, huérfano de Dios, Dios, Pan de Dios, hambre de vigilia y mis días sin el sol. Reconozco el silencio que antecede a la furia del tiempo, al rencor divino y mis pecados mirando a hurtadillas por la rendija de la herida abierta de mi corazón. Lluvia, primavera, madre. Somos los instantes antes del invierno, el otoño en el paraíso. Tierra prometida, vendida, negada. Vete, vete, quiero mi cuerpo, mi sangre, la desnudez que me vuelve tu hijo. Pecado original. Déjame a mi tirar el tiempo, migajas de tiempo. Es que ya no tengo ganas de seguir gritando que me muero. Es que el lobo hace días que vomito mi cuerpo. El lobo, el lobo. El triste lobo. El lobo que no traga. Dios-lobo, Dios-Padre, Pan de Dios, Dios-decuantos-dequienes- Dios mío, crucificado, mártir. Dios-noche. Sálvame de tus ojos y de ti, de tu balanza y el rayo divino sobre la sien.
Habiendo tantos hombres me viniste a dar la palabra a mí, habiendo tantos cuerpos me salvaste del barro a mí.
Viene el lobo, triste lobo. Lobo hombre.
Solo se queda este lamento quieto y este cuerpo mirándome a mí y al espejo.

Prueba De Calidad

viernes, 7 de noviembre de 2008

Prueba De Calidad
(Para Revista Epitafio)

Estoy de nuevo aquí, con la herida abierta y mis ganas recurrentes de echar sal a la herida para que los gritos ahogados resulten en ideas trasparentes que den justificación a mis estados mentales y deseos casi nobles de agradarle a usted, querido lector.
Suena la madrugada de grillos inconscientes, estrellas inservibles y exageradas, lunas que maltratan la poesía. Lo digo en forma de queja porque mi luna se cayó al río y mis labios la andan buscando en otro cuerpo, en otras manos, en otro rostro que pueda mirarme a los ojos.
Estoy aquí de nuevo, trayendo lo mejor que tengo de mi, una idea corta que argumente mi papel de ser humano, es tan difícil dejar de serlo, dejar estos pies que me atan al suelo, esta sonrisa que me hace prójimo, estas palabras que se vuelven poema roto cuando corto de golpe la idea y pienso en mi sangre que hace días se queda serena cuando mira por el espejo y ve ese mar caótico de ángeles muertos y mujeres salvando la esperanza. Cuando hierve mirando niños rotos y muñecas feas arrinconadas en el olvido. Poetas que prefieren el ego antes que los sentidos y con orgullo se creen los salvadores del tiempo, del arte devaluado y el papel empastado escrito a doble espacio que bien podría servir como papel higiénico de bajo costo.
Por favor, prueben de mis palabras, son sal que amarga, agua que no da vida, mar sin naufragio, pero que irremediablemente, salta de mis entrañas y se vuelve grito que taladra la noche para volverse caricia.
Tomen mis palabras, las ultimas del día, son aves que liberan, sueños que marchitan. Son lo mismo que pudo decir cualquier idiota que prefirió salir a la noche y quedarse callado, mirando caer suspiros de otra batalla sin ganadores en la cama.
Mídanme, pruébenme, soy el que olvido deletrear amor y quito el acento a sus dias.
Lo que sirva de mi, es todo suyo, yo soy del suelo.

Juro Que No Soy Yo

miércoles, 29 de octubre de 2008


Suena la alarma. No estoy muerto, habría que salir a celebrar y gritar que sigo vivo, que le sobrevivo al tiempo y que si bien, aun me sigue dando mareo y algo de vomito seguir rotando alrededor del sol, estoy vivo carajo (digo esto mientras me arropo con la cobija del mal entendido optimismo que me despierta esta mañana).Suena de nuevo la alarma. De verdad que celebraría que sigo vivo pero juro que desde hace semanas otro cuerpo semejante al mío, se despierta antes que yo. Tumba los platos sucios, le cuenta los mismos chistes que le contaría a mi compañero de departamento. Se baña en el mismo tiempo record que lo hago yo (ocho minutos y medio, doce si hace frío y tengo que convencer a mi cuerpo que es por higiene y no por tortura auto inflingida).
Es tan semejante a mí que tiene la misma mueca horrenda que sirve de sonrisa.
Pero de verdad no soy yo. Lo se por que en sus ojos carga toda la tristeza que se puede cargar a esta edad, porque no brilla como lo hago yo por las madrugadas, porque sus manos no llevan la promesa de una caricia bien dada. Lo se porque en las mañana antes de que yo me levante a mirarlo hacer su rutina diaria, camina de un lado a otro y en sus pasos hay algo diferente, un caminado de lado, como si se estuviera cayendo con el mundo encima.
Me entristece un poco verlo tan cayado, ahora mismo que pienso esto, el pobre mira en el espejo del baño para tratar de encontrarme, para renunciar a su puesto de miserable.
Yo no se si quiero volver al puesto de ser yo mismo, me gusta estar aquí, soñando que soy lo mismo ave que pez, pecado que perdón. Pero mis amigos, mi familia, comienzan a sospechar que no soy yo, que este cuerpo que me suplanta perdió el buen humor, el comentario acertado, la mano amiga y todas esas cosas que me hacen el buen tipo que suelo ser.(me burlo de esto que digo y mantengo la esperanza de que alguien lo crea).

En fin, cumplo con avisarles que tienen razón, el tipo jodido de la cara triste no soy yo, solo es alguien que me suplanta mientras sueño que estoy lejos, muy lejos de aquí, en otra vida, en otro planeta, no se, solo lejos de tanta amabilidad y buenos días, de tanto agradecer que estoy vivo y conforme. Cumplo con avisarles que ese cuerpo que los saluda, es tan solo la burla idiota de mis días inútiles.
Tomo un cuaderno y escribo:

Saco mi alma y escribo con ella,
Saco mi corazón y estreno una piel,
Otro cuerpo, Maria, Amanda, Soledad,
No recuerdo la ultima noche y el último beso,
Tan solo se que lleva un poco de mi bajo su falda.
Todo se trata de nombrar,
Digo pétalo y salgo de entre tus piernas
Deletreo tus labios y la vida se desangra,
Vivo y todos hacen como que sueñan.
Yo no quiero mis alas esta noche,
Quiero que mis pasos desgasten la arena.


Miro a mi alrededor, con miedo observo si es de día o sigo esperando entre las sombras, todo tiene sentido, no quiero ser ese yo que a todos agrada y les parece un poco simpático e inteligente y rotundamente me niego a ser el idiota y miserable que se quedo llorando por haberlo separado de su techo acuoso o vientre materno.
Yo soy lo que traiga este día la mañana.
Los quiere o más bien hace como que los quiere: Días Inútiles

Carta Impersonal...Pase usted

martes, 14 de octubre de 2008


Ojala entiendan que el que escribe esto es solo un personaje miserable que juega con tu espantosa calma, con tu asfixiante vida cotidiana.
Que juan sigue siendo el mismo tipo aburrido de la foto, el mismo idota perdido en el siglo, dicho esto...pase usted


Carta Impersonal

Y aquí estoy otra vez, con la mirada perdía en la ventana, esperando que la noche pase y no sea yo el que pague los platos rotos de esta ciudad.
Es que mi sombra hace días se lanza suicida a los camiones, al metro. Es que mis pasos hace días que son mas lentos, que no dejan huellas sobre el tiempo. ¿Qué carajos hace mi cuerpo parado en el techo de este cuarto piso? ¿Qué hace mi alma gritando, pidiendo ayuda desde el puente peatonal?
Y el tiempo deja marcas en mi piel, y yo estoy aquí de nuevo, mirando la lluvia, deseando que el rayo ahora si caiga dos veces sobre mi. Pensando en ti, en ella, en todas las que forma mi vida amorosa de caricias y besos incendiarios, de poesía y adioses hartos, de me arrepiento de haberte conocido Juan y ojalá que no te vuelva a encontrar.
Es que hace días que quiero entregarme a cualquier promesa falsa, a cualquier caricia torpe, pero me detiene mi sangre, mis manos, mis labios. Y en esta puta traición corporal me quedo solo, como siempre, como todos.
Si, querido lector, aquí estoy de nuevo, desperdiciando algunos minutos de tu vida, tirándolos descaradamente a la basura, faltándoles al respeto con alguna duda existencial que no rellena el vacío emocional que nos nace cada mañana que despertamos preguntándonos ¿por que de nuevo me toca levantarme, ser el mismo idiota que saluda, que sonríe, que dice buenas días, con su permiso, disculpe usted?
Hace días, meses, que quiero ser como casi todos, hacer el amor y no creer que vuelo , besar para creer que nadie esta solo, llorar para ser lo mas humanamente posible y vomitar por el mareo que produce seguir girando alrededor de nada. Pero estoy muerto, estorbando, creyéndome más miserable que todos, que el idiota que se quedo sin sueños, que la niña que se quedo sin inocencia,el niño que no lo dejaron ser niño y yo soy todos ellos sin darme cuenta.
Aquí estoy de nuevo, ofreciéndoles las mismas ideas, los mismos sentimientos, las mismas quejas. Haciendo que estas palabras que hace unos minutos eran mías se vuelvan parte de todos y asi con ellas ser parte de ustedes. Por el simple hecho de no sentirme tan solo como este anochecer bajo la luna de octubre.
Es que la luna siempre es la misma imagen idiota de melancolia y tantas lunas en mis ojos duelen un poquito mas cada noche.
Es que de tantas noches sobre mis sabanas, se quedo un olor amargo a cenizas y sexo que me dejan un poco mas ausente.
Sigo mirando la ventana, esperando que este sea el dia en que te aburras de tu vida monotona y me invites a volar a tu lado y yo te pregunte ¿como te llamas, con que cosas sueñas, quieres pasar una noche sobre mi cuerpo, tocando el cielo prestado por el tiempo?
Que alguien le avise a mi cuerpo que esta vivo desde hace veinte años.
Que alguien se acueste un rato y me cuente como es el mundo desde sus ojos.
Yo por lo pronto les dejo mis gracias mas sinceras y la puerta abierta para que tomen de mi lo que mas falta les haga. Al fin de cuentas estas palabras que eran mías se vuelven de todos.
Al fin de cuentas yo me río de todos los que se creen lo que digo y ponen su cara de disgusto y piensan que tanta miseria merece una bala en la cabeza para dejar de estorbar.
Cotidiana
Adiós, ya no quiero mas palmaditas en el ego absurdo, estas ideas son del que quiera tomarlas, recojan mi corazón que lo deje perdido en alguna línea.
Los quiere…

Días inútiles.

Notas Al Azar II

lunes, 6 de octubre de 2008



Y sigue la hoja en blanco, las ideas son apenas una mala idea de mi.
no se, talvez solo fue un momento, un chispaso, un sueño en el ke yo era el poeta y dos o tres suspiraban.
les dejo mas de lo viejito...lo uniko ke me keda, un monton de textos tirados en el rinkon de mi kuarto

Desde La Muerte

Desde la muerte te hablo, con gusanos y tierra de campo santo.
Con hilos de rabia moviéndome como títere en el escenario fatal.
Escúchame, tirado, con la lepra carcomiéndome la esperanza.
La saliva espesa, amarga, el asco. ¿Quien me vende un abrazo?
Desde la muerte te hablo, con mi saco negro, con la cara de muerto.
Ven, que la vida se arrastra sobre mis venas, como serpiente y yo tengo miedo de sentir, de ser, de pertenecerle a tus huesos.
Viene un aire del pasado, me espanta el hambre, me recorre la cabeza como una bala y los músculos me pesan, el cansancio cae de golpe sobre mi espalda, me derrumbo.
El cuerpo tirado, la lastima mirando…deja ya el cuento del desgraciado.
Mutila mi sonrisa, empeño la inocencia. Nada es amargo, nada es amargo.
Quiero tragarme el asco, quiero que nadie pregunte por mis pasos.
-yo- dijo la muerte- Soy el aire, la lluvia de julio, el puente entre mis manos y tu cuerpo, la poesía muerta, la vida desgastada, la mueca que busca ser sonrisa, la calle desolada, el olor a tierra mojada.
Quiero gritar, como un niño asustado.
Desde la muerte te hablo para renacer a tu lado.
(Otra vez, desperdicie las palabras)


Otro de Mis Dias Inutiles.
Todo es lo mismo, muerte, vida, negro, blanco.
Leo y doy paso a la autocrítica, me doy una palmadita en la espalda.
Todo es lo mismo, la supuesta oscuridad en lo que digo, desgastar el sentimiento, las palabras.
Soy el mejor imitador de mis sueños.
Mi cabeza se estrella contra la noche y yo no pienso pagar las estrellas rotas.
La pared siempre fue mi mejor amiga, pero hace días que se comporta fría, ausente, desalmada.

Insito, es la monotonía en el actuar de mis días lejos de ti, es la misma mierda en la hoja que era mejor haberla dejado en blanco.
Hago un recuento de mis pasos y me engaño.
Es la formula repetitiva de llanto, horror, espanto. La perdida absoluta del yo interno para dar paso a las múltiples personalidades demacradas o lo que es lo mismos : mi cadáver hablándoles de la vida.
Soy lo más parecido de algún pensamiento vago sobre mi.
Pero llega el jueves y simplemente SOY (tuyo y mío, de tu suspiros y de los dos)