I
He recolectado mis miedos, las palabras exactas que logran colarse por entre la falda, la mirada perdida y las fotografías que atan mi vida al recuerdo. Ya estoy listo para saltar cuando el barco comience a hundirse; ya no puedo ser héroe ni mártir, el papel de la bondad me ciñe el alma. Quiero mirarlos gritar y amar al hermano lobo mientras me muerde la yugular.
Tengo al diablo tatuado en la espalda, tengo mis demonios adentro jugando a ser humanos, espantapájaros, seducción, lascivia. He vendido el paraíso por el remedio casero al mal de ojo.
Rasgo mi vientre y de las entrañas vuelan aves negras asustadas, suicidas se estrellan con furia contra los muros que va construyendo el rencor. Y el espanto agudiza la noche.
Tengo el invierno en mi pecho, enero en las pupilas, diciembre entre las piernas, el frio congelando la sangre, Febrero en la esperanza.
Voy a dejar que mi cuerpo se una a este océano indiferente de gente chocando contra el viento.
Yo sigo en mi norte, volviendo de la muerte, presumiendo que vivo.
II
Hazme caso, los fantasmas han abandonado la esperanza, lo se yo que debajo de mi cama habita uno. Lo se yo que de morirme vengo.
Huelen a miedo pero no saben de miedos. Caminan entre las sombras, se esconden en el farol de la calle empedrada, tienen rostros conocidos. Aquel se parece a mi abuela, este a mí.
Ya te lo he dicho, es la retención del dolor por la sin razón de ser mártir, es el odio, la sangre y el desprecio jugando a llevarse bien... La vida en pausa por miedo al mañana, el mismo grito agudo de dolor que rasga las paredes, pero no sirve de nada.
Somos los fantasmas de la vida, viviendo sin remedio, muriendo de nuevo.
Yo me quedo amándote, con este dulce olor a muerte.
III
Yo los quiero, como quiero a mis manos, como quiero al espejo, como amo mis pasos.
No importa ya, el espantapájaros ha dejado su triste labor de ser el espanto.
Hasta aquí me han traído mis pasos y no me arrepiento de lo que he dejado.
Atrás queda el desierto, las mentiras, el duelo eterno, la tristeza que no sana.
No se traguen mis palabras, mastiquen mi corazón. Es pan salado, miel amarga, vinagre, oración sin Dios.
No me hablen de la tristeza, que mi corazón solo quiere descansar, cerrar los parpados antes de explotar. Es de noche y mi alma se recuesta sobre mis huesos.
Todos duerme…no les regalo mis palabras, porque es mi carne, mi sangre, mis entrañas.
Para dar debo pertenecerme.
Yo los quiero como quiero a mis huesos.
(Querido Lector cumplo con avisarles que están vivos, que son los sobrevivientes…vivan pues, que la muerte espera en la siguiente esquina)
Querido Lector
sábado, 19 de julio de 2008
Publicado por Juanio Pan Duro en 2:04
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3 comentarios:
La muerte hija de puta, viene
Sabinessss
Good, good!
ya sabes q casi nunca le pongo peros a lo q escribess :)
saluditossss
isa*, shelita, chabe, chabela, chabelita, pave, pavis...
etcccc jaa
no mames yo iba a utilizar la de "este cosmos" pa mi ultimo post
y OIGAME NOOO!! OSEA OBVIO QUE PUSE LO DE EMILIANA PA MI PREMIOOO YO LO QUIEROO ES MIO PORQUE ACERTÉ!!!
osease no te sordees lindo :P
con madre lo que usté escribe mi buen Juan, bastante cerca de lo que he sentido ultimamente
un placer anda acá leyendolo
besitos
bais
yo no sé a qué te dediques..
pero ojalá lo aproveches.
cuánta locura!
au revoir!
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